Han sucedido muchas cosas este año, pero nos queremos concentrar en un solo tema: la reestructuración de nuestro programa de profesionalización y la fusión con la Residencia Estudiantil "Luis Espinal".


Como saben, hasta ahora hemos alquilado habitaciones para los jóvenes que han llegado a la edad y al grado escolar necesarios, para que aprendan a vivir independientemente a través de un sistema de becas. Les he escrito algunas veces sobre este asunto y, en el transcurso del tiempo, aproximadamente unos 30 jóvenes han podido completar una formación, ya sea técnica, artística o académica. En este momento, hay cuatro jóvenes en este programa: 


Omar Quispe, en una formación técnica en electrónica; Sergio Valdez, que estudia música; Rolando Tinta, que estudia veterinaria; y Omar Callisaya, que optó por teatro en Santa Cruz, en la Escuela de Teatro dependiente de la Universidad Católica.


El año pasado, dos miembros concluyeron su formación profesional: Braulio Salas, como técnico medio en carpintería, y Joaquín Verástegui, como profesor de educación física. Además, hay varios que se están preparando para el bachillerato.


Pese a estos resultados bastante positivos, no estamos del todo conformes con este programa de formación profesional. Hemos observado que gran parte de los jóvenes adultos cae en un hueco depresivo cuando, de repente, tienen que vivir solos. Muchas veces pierden su ritmo de vida y la disciplina de trabajo. Si se suman enamoramientos infelices y consumo de alcohol, ocurre que uno u otro abandone su formación. Por este motivo, hace algunos años hemos empezado a explorar otras posibilidades para poder ofrecer a los jóvenes estructuras más sólidas.


Precisamente en aquel momento se contactó con nosotros el padre jesuita Antonio Sagristá, el mismo que había conocido durante mi trabajo en el Comedor Popular de San Calixto al inicio de mi estadía en Bolivia. Se había mudado a Cochabamba y, en 1997, había fundado la Residencia Estudiantil "Luis Espinal", para posibilitar una formación profesional a jóvenes adultos a través de un sistema de becas similar al que nosotros también empleamos.


Luis Espinal, amigo personal del Padre Antonio, fue un sacerdote jesuita que trabajó durante toda su vida por los derechos humanos en Bolivia, por ello fue asesinado por la dictadura militar en 1980. Por razones de fuerza mayor, motivadas por la avanzada edad y problemas de salud, el Padre Antonio nos propuso asumir el trabajo y la responsabilidad de la residencia. Hay que tomar en cuenta que la comunidad jesuita ha disminuido considerablemente sus vocaciones, como ha ocurrido en todas partes, y no tiene recursos humanos para seguir enfrentando esta tarea.


Siguió un largo proceso de consultas, propuestas y contrapropuestas, y finalmente aceptamos el reto. De no haber sido así, se habría tenido que cerrar la Residencia Estudiantil y 25 hombres y mujeres jóvenes, en parte discapacitados, hubieran quedado en la calle. En Bolivia existen pocas becas estatales, que además están vinculadas a altas exigencias académicas.