Un año en el que hubo cosas muy positivas y algunas negativas. Una de las cosas positivas era que el dinero estaba administrado por los becarios y todas las actividades eran organizadas por comisiones.


Otra cosa muy positiva fue que, a principio de año, volvió el teatro, que estaba conformado por adolescentes, niños, voluntarios y algunos acompañantes. La obra se llama “La maldición o el fin del Imperio de los Incas” y se presentó por primera vez al finalizar el año.


También volvieron los talleres, tales como tarjetería, costura y agricultura, todos con un encargado (ya no educadores, sino los más jóvenes de la comunidad).


En los estudios, todos aprobaron el colegio. No hubo muchos problemas, tal vez solo para los que iban a entrar en formación profesional, ya que es difícil tomar una decisión al respecto.


Después de mucho tiempo llegaron otra vez dos voluntarios, llamados André y Sebastián, y para mí fueron muy buenos amigos.