El techo de Tres Soles ha aguantado exactamente 20 años. Cuando en 1998 hicimos construir la nueva casa en Quillacollo, fue techada con tejas de fibrocemento. Estas han protegido la casa y a sus habitantes del fuerte sol tropical, así como de las lluvias, que en estas latitudes pueden ser torrenciales, y han cumplido su ciclo.
La temporada de lluvias pasada fue especialmente intensa. Tras una terrible granizada, ocurrió un deslizamiento en las montañas sobre el valle de Cochabamba. Masas de tierra y rocas bloquearon un río. Finalmente, el agua rompió ese dique artificial y una avalancha de lodo devastó el pueblo vecino de Quillacollo, donde vivimos. Hubo que lamentar varias muertes y los daños fueron enormes.
A la mañana siguiente del desastre en el pueblo vecino, aparecieron grandes manchas de humedad en el tumbado de la planta alta del edificio de Tres Soles, donde se encuentran el gabinete psicológico, la panadería, los talleres de costura y pintura, y la sala de apoyo escolar. Cuando subimos al techo para ver lo que ocurría, no podíamos creer lo que veíamos: las tejas estaban quebradas y, en partes, literalmente hechas polvo.
Nuestro amigo Ludwig März, de la asociación Inti Runa en Alemania, tras ver las fotos, opinó que este tipo de tejas en realidad dura más de 20 años y que seguramente habían sido debilitadas por la fuerte radiación ultravioleta que predomina aquí durante gran parte del año. No debemos olvidar que Bolivia está ubicada en la zona tropical y que Cochabamba, en particular, se encuentra a una altura de 2.600 metros sobre el nivel del mar. A esto se suma el hecho de que muchos productos fabricados aquí suelen ser de menor calidad que en otras partes.
Ludwig März no se quedó solo en palabras, sino que pasó a la acción y puso a disposición una donación específica para el nuevo techo. Estamos muy agradecidos por este apoyo y también por el hecho de que no haya ocurrido algo peor.