Hace muchos años, una voluntaria creativa llamada Carmen fabricó un muñeco humano de tamaño natural, formado por diferentes partes del cuerpo de los niños y niñas de nuestra comunidad. Recibió el nombre de Pingo y lo sujetamos a una baranda encima de nuestro patio. Durante algún tiempo quedó allí, blanco como la nieve y sin pintar, hasta que pusimos en escena la obra de teatro “La maldición o el fin del imperio de los incas”. Parte de la puesta en escena eran unos magníficos trajes que nosotros mismos cosimos según unos dibujos
—Sería una verdadera pena guardar estos trajes en nuestro depósito —dijo Braulio, uno de nuestros actores más experimentados, después de la última presentación—. ¿Qué podríamos hacer con ellos?
—¿Por qué no disfrazamos a Pingo como el Inca Atahualpa? —preguntó alguien.
Estábamos entusiasmados de la propuesta. No solo Pingo fue disfrazado de Atahualpa, sino que también construimos otro muñeco más que representaba a un español con su arcabuz. Así nació nuestra primera “instalación”.
Las instalaciones están emparentadas con la pintura y la escultura. Si uno busca la palabra en el diccionario, encuentra que, dentro de las artes plásticas, la instalación es una forma de arte tridimensional en un espacio cerrado o abierto que permite la utilización de cualquier material, además de luz, sonido y/o movimiento.
Se transformó en una tradición vestir a los muñecos con los trajes usados y reconstruir una escena después de cada obra teatral, para recordar mejor su mensaje. Para profundizar la obra “Mi primo es mi papá”, también representamos a los personajes en una instalación. En esta obra se trataba el tema de los malos tratos contra las mujeres y los niños, provocados, en primer lugar, por el machismo, que en Bolivia está muy difundido.
Para tematizar el contenido de “Mi primo es mi papá”, sujetamos a la baranda mencionada el personaje del padre, que en su regazo tiene a un niño pequeño y le da el biberón. A su lado se ve a su mujer, con una hoz en la mano. A la altura de las cabezas hay burbujas, a modo de historietas, hechas de venesta, donde está escrito lo que los esposos se dicen entre sí. Ella, la esposa, dice: “Dejo contigo al niño”. El esposo responde: “Está bien, anda nomás a trabajar tranquila”.
En este punto cabe subrayar que, en amplios sectores de la sociedad boliviana, un hombre que se ocupa de la casa y de los niños es considerado raro e incluso afeminado. En Tres Soles, sin embargo, todas las tareas son realizadas por chicas y chicos por igual, ya sea en la cocina, en la limpieza o en los talleres.
En los últimos tiempos se han creado instalaciones según las ideas de los niños y adolescentes. La última fue concebida durante las vacaciones de fin de año. Dos niños, nuevamente representados por muñecos de tamaño real, se están insultando mutuamente. El hermano mayor, nuestro Pingo disfrazado, les llama la atención, diciendo que basta de insultos y que hay que vivir como hermanos. El cuadro, sin ninguna duda, es adecuado para dialogar y reflexionar con algunos peleadores que siempre hay en nuestra casa.