Llega el mes de julio y “solesianos” y “espinaleanos” se disponen a hacer maletas, pequeñas mochilas o, en algunos casos, bolsas de plástico; pero estas, a diferencia de otros años, empezaron a prepararse hasta una semana antes de la excursión o incluso más. El lugar elegido, el paraíso ecoturístico del trópico cochabambino, mejor conocido como Villa Tunari, antes llamado San Antonio por aquellos pocos valientes que se animaban a explorarlo.


Nos preguntamos: ¿Será posible que con 2000 Bs. podamos llevar a más de 60 personas a uno de los lugares más bellos y caros del país? La respuesta es no; sin embargo, estamos en Bolivia y aquí pasan cosas increíbles, ya sea para bien o para mal. Además, contamos con un personal unido, temeroso al principio, sí, pero unido al fin; unas voluntarias incansables y un deseo insoslayable de tener unas vacaciones inolvidables.


Por eso, solesianos, espinaleanos, voluntarias, personal, comunidad quillacolleña y amigos del exterior —sin olvidar el apoyo de nuestra parroquia Santísima Trinidad— decidimos llenar esas mochilas con un rico fricasé, una infaltable sopa de maní riquísima, un sabroso pampaku, pique a lo macho y charquekan excelentemente preparados y, como novedad, una increíble ensalada de papa llena de amor y cariño por la causa.


Si la pasamos bien es otra historia; si el transporte nos volvió a fallar e hizo honor a la temida hora boliviana, también lo es; si nuestro personal fue atacado por insaciables insectos tropicales, e incluso por animales en cautiverio, quedará para la anécdota, pues nada de eso dejará de arrancarnos una grata sonrisa.


Lo que importa es que lo logramos: con el apoyo de todos nuestros amigos y el trabajo en equipo, hemos logrado triplicar nuestro presupuesto inicial y viajar por tres días a tan paradisíaco lugar. Lo que importa es ver, sentir y palpar con la mirada la alegría de aquellos niños que tanto nos necesitan y que no paraban de correr por el alojamiento (“El Pilunchi”) ni de jugar con Pancho (cerdo de monte).


Para nosotros, en ese momento no importaba que justamente nuestro archirrival Chile ganara la Copa América; lo único que contaba era la comunidad y la unión. Igual disfrutamos de esos bellos paisajes, de ese clima soñado y de esa naturaleza que no se ha cansado de impactarnos. Bello el Parque Machía, bello el Centro de Preservación Ecológica La Hormiga, bella Incachaca y los Tres Arroyos, que estuvieron a la altura de Tres Soles.


Jorge Copa, psicólogo