Después de un primer y difícil año, logramos consolidar un grupo de aproximadamente 25 niños y jóvenes relativamente estables, poner la casa en condiciones habitables y fundar los primeros talleres autogestionados (llaveros, tarjetas, carpintería, panadería y cocina).
Estos talleres tenían como objetivo ocupar de manera productiva el tiempo de los jóvenes y permitirles contar con un modesto dinero de bolsillo, lo cual, para estos exniños de la calle, era muy importante, ya que estaban acostumbrados a tener siempre algo de dinero en sus bolsillos. En consecuencia, disminuyeron los hurtos entre compañeros, que al inicio constituían un problema muy grave; sin embargo, persistieron otros, como el alcoholismo, el consumo de inhalantes y la violencia dentro del grupo.
Durante las vacaciones escolares realizamos una caminata de cinco días que nos llevó desde Sorata, cruzando los nevados, hasta los valles subtropicales de los Yungas. En la segunda mitad del año pudimos contratar a un psicólogo y, además, al estudiante de Sociología Iván Nogales, quien comenzó a trabajar con teatro. El apoyo económico desde Suiza y Alemania aumentó considerablemente. También recibimos a una voluntaria suiza, Elena Sullo, quien colaboró durante todo un año.
(Guisela)