Esta casa alquilada albergaba a adolescentes y jóvenes que eran rehabilitados mediante diferentes trabajos pedagógicos. Entre los principales problemas se encontraban hurtos, robos entre compañeros, agresiones violentas y consumo de inhalantes y bebidas alcohólicas.
El deporte diario, cada mañana, era muy exigente, sobre todo por el frío, pero resultaba beneficioso para superar las diferentes conductas problemáticas. En cuanto a la alimentación, se compraban verduras, carne y otros víveres recorriendo una distancia de aproximadamente un kilómetro con una carretilla.
Por la mañana y por la tarde, todos se dedicaban a realizar sus oficios o a participar en distintos talleres, y por la noche asistían a clases. Stefan Gurtner era el responsable de la comunidad y contaba con la colaboración de una voluntaria suiza, Annelies. Esta etapa es considerada la más difícil, tanto para el grupo como para el trabajo en general.
El personal estaba conformado por cinco personas: una trabajadora social, una educadora, una voluntaria, un responsable de carpintería y un director.
Mi historia durante este período comenzó a los 14 años, cuando ingresé a la comunidad por medio de uno de los internos. Todo era nuevo para mí: las formas de cocinar, jugar, las reuniones, el trato del personal hacia los internos, la forma de convivir entre compañeros, las sanciones y actividades como panadería, carpintería, elaboración de llaveros y la compra de víveres en el mercado. Esta vida era completamente distinta para mí, ya que antes no había vivido en un ambiente de este tipo.
(Lucio, actualmente psicólogo de Tres Soles)