Aparte del Vía Crucis tradicional, que ya hemos explicado, representamos el Viernes Santo de 2007, en coordinación con la parroquia de Quillacollo y gracias a la apertura de un sacerdote especialmente tolerante, un Vía Crucis alternativo que escribimos específicamente para esta oportunidad. Este se basaba en una historia verídica y le di el título "Vía Crucis o El rey de los manzaneros".
Este Vía Crucis, igualmente dividido en 15 estaciones o escenas, narra los sufrimientos de un niño que, como cabecilla de una pandilla de rateros de manzanas llamada "Los manzaneros", es enviado al reformatorio y allí literalmente crucificado. La procesión, concebida como teatro callejero, se acompaña de 15 canciones y oraciones igualmente escritas para esta ocasión, que reflejan los sufrimientos y malos tratos que reciben las niñas y los niños en todo el mundo.
Jesús y sus discípulos son retratados como niños trabajadores y de la calle, al igual que los ladrones que, junto con Jesús, son condenados. Uno de los ladrones se convierte en una sirvienta explotada y el otro en un niño minero. En las minas de Potosí y en otras, hasta hoy en día, se emplean niños para extraer minerales a través de los túneles más estrechos y bajos.
Los sumos sacerdotes, los fariseos y el pueblo se representan como adultos miopes, encerrados en conceptos intolerantes; es decir, un médico, un ama de casa, un abogado, una secretaria y un profesor. En nuestra obra, Pilato es un juez de menores y María, una humilde barrendera.
A través de la narración por estaciones de la historia del sufrimiento de los niños bolivianos, se recrea de algún modo la Pasión de Jesús, aunque en la obra no se le mencione ni una sola vez, especialmente en relación con sus palabras: “Lo que hicieron con uno de mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron”.