Me llamo Agnes Manstein, tengo 20 años y vivo cerca de la ciudad de Mainz. Para aprovechar el tiempo entre mi bachillerato y la universidad, decidí ir al extranjero y tener la oportunidad conocer una nueva cultura, un nuevo idioma, una nueva forma de vivir y de ampliar mis horizontes.
Dentro del "Servicio Social Para la Paz y la Reconciliación" del Obispado de Mainz, pasé una estancia desde agosto 2010 hasta agosto 2011 en la comunidad infantil y juvenil Tres Soles, en Cochabamba/Bolivia.
El tiempo en Bolivia pasó volando y me gusta acordarme de los momentos bonitos, que viví durante el año.
En los primeros cuatro meses vivi con los niños y jóvenes en la comunidad. Este tiempo viví muy intensamente, porque acompañé a los niños durante todo el día. Eso significa que me levantaba por las mañanas al mismo tiempo que ellos, les ayudaba en cepillarse sus dientes y su cabello, desayunábamos juntos y les acompañaba a la escuela. Al medio día los regogía, almorzaba con ellos y después les ayudaba en hacer sus oficios, como lavar su ropa, ducharse u ordenar sus cuartos. La mayor parte del tiempo pasé en el "apoyo", donde practiqué la lectura, las tablas y la ortografía con los pequeños e inglés, matematicas y física con los mayores.
Me alegré cuando los niños y jóvenes me contaron orgullosamente de sus tareas correctas y buenos resultados en sus examenes. Especialmente a los niños que hasta ahora no vivían mucho tiempo en Tres Soles se notó que les cuesta mucho concentrarse. Las causas son las difíciles circunstancias de donde provienen, por eso era muy importante pasar mucho tiempo con ellos y explicarles todo con mucha paciencia. Por esa razón la media hora que jugábamos cada día con los pequeños en la cancha era una actividad muy importante y querida de las tareas habituales. Acostaba a los niños por las noches, les leía cuentitos para dormir o charlaba con ellos.
Después de mudarme de Tres Soles, viví en Cochabamba con una familia boliviana, donde me encontré muy bien. Cada mañana iba a Tres Soles, así que ya estaba allí cuando los niños y adolescentes llegaban del colegio y me quedaba hasta la tarde.
Además acompañaba a niños y jóvenes a actividades fuera de Tres Soles. Por ejemplo, fuimos al dentista o a un centro terapéutico que es especialmente importante para niños que sufrieron abusos sexuales. Eso fue muy satisfactorio por que así podía asumir responsabilidad y conocer mejor a los niños y adolescentes.
En las vacaciones de verano, que duraron tres meses, fue nuestra tarea preocuparnos de los pequeños mientras que los mayores estaban realizando oficios en la casa como pintar las paredes, arreglar las mesas o sillas en la carpintería o trabajar en el cultivo. Por eso hicimos manualidades, pintamos, jugamos en la cancha o fuimos al río, ocupándoles varias horas.
En las vacaciones de invierno tuvimos como meta pintar la pared grande que bordea el terreno de Tres Soles. A cada uno de los niños y jóvenes les dimos una parte de la pared y ellos mismos pudieron decidir que quisieran dibujar y pintar. La única norma era que todo tenía que ser multicolor. Me gustó observar como los niños confeccionaron creativamente su parte de la pared. El resultado se puede presentar de verdad, cada una de las partes es única y muy linda.
El concepto de Tres Soles me convence completamente. Me encanta como se prepara los niños y adolescentes a una vida autónoma con la ayuda de diferentes actividades. Además, no sólo se enseña capacidades artesanales, como cocinar, hornear y coser, sino también capacidades humanas como compartir, la consideración y la solidaridad. Eso fomenta su autoconfianza y da un porvenir sólido a los niños y jóvenes que adoptan este concepto.
Disfruté de un tiempo muy lindo en Tres Soles y tuve muchas buenas experiencias.
septiembre 2011